Bajo tus pinceladas
- Tinta de un bisturí

- 14 ene 2022
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 29 ago 2023
Era su cuerpo el lienzo perfecto en el que deslizar su pincel. Dicen que para escribir solo hace falta lápiz y papel, ni siquiera se necesita entender el porqué, pero tenía entre sus brazos la respuesta a más de una pregunta.
Deslizó sus manos entre unos hombros tensos, que, bien podían ser la manifestación del cansancio o, una muestra más de lo que él le provocaba, mientras su lengua repasaba la circunferencia de su cuello.
Seguían sus manos recorriendo aquella ruta sin respetar las leyes del camino. El este y el oeste nunca le parecieron tan distantes como la espera a la que estaban siendo sometidas algunas partes de su cuerpo.
Acarició los botones delirantes que hace rato reclamaban su atención y la sintió estremecerse. Se dirigía al sur cuando la frontera delimitada por su ombligo lo obligó a detenerse por unos segundos que para ella fueron eternos. Continuó su viaje con movimientos tan ligeros como si su lengua viajara sin equipaje.
No tenía que abrir los ojos para saber en donde estaba ni a dónde debía dirigirse. Los cambios de temperatura bajo su mano y un mar que no era más que la manifestación de lo que deseaba, eran más que suficientes.
Lo que antes era solo lluvia pasó a ser ocupado por rayos de sol que penetraban en la oscuridad, unos rayos decididos a no marcharse, hasta lograr marcas en su piel que el paso del tiempo no pudiera borrar.

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